Beneficencia pública. Un instrumento para controlar o ayudar a los pobres. El caso de Morelia durante el porfiriato
http://www.univim.edu.mx/wp-content/uploads/2021/05/virtualmente4.pdf
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El 15 de junio de 2018, en el Diario Oficial de la Federación se publicó Ley General de Archivo, la cual entró en vigor al siguiente año, en ella, se establecieron las bases generales para la organización y la conservación de los archivos; al mismo tiempo, exigió a los sujetos obligados establecer un Sistema Institucional de Archivos para administrar y llevar a cabo los procesos de gestión documental. Entre sus objetivos esta la organización y el funcionamiento del Sistema Institucional de Archivos.
Conforme a la Ley, en el artículo 20, se precisa que:
Sistema es el conjunto de registros, procesos, procedimientos, criterios, estructuras, herramientas y funciones que desarrolla cada sujeto obligado y sustenta la actividad archivística, de acuerdo con los procesos de gestión documental, refiere que el sistema deberá integrarse por dos áreas: (Ley General de Archivos, 2018, pág. 10)
Trabajos citados
AGN. (13 de octubre de 2021). Gobierno de México. Obtenido de Archivo General de la Nación: https://www.gob.mx/agn/articulos/agnmex-brinda-acompanamiento-aentidades- federativas-para-la-armonizacion-e-implementacion-de-la-ley-generalde- archivos
Bando de Gobierno del Municipio de Morelia. (2019). Morelia: H. Ayuntamiento de Morelia.
IMPLAN Morelia y H. Ayuntamiento de Morelia. (2021). Plan Municipal de Desarrollo 2018-2021. Morelia: Instituto Municipal de Planeación de Morelia.
Ley de Archivos Administrativos e Históricos del Estado de Michoacán. (2004). Morelia:
Gobierno del Estado de Michoacán, Secretaría del Gobierno y Dirección de Archivos del Poder Ejecutivo.
Ley de Responsabilidades Administrativas para el Estado de Michoacán de Ocampo. (2017). Morelia: H. Congreso del Estado de Michoacán de Ocampo.
Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de Michoacán de Ocampo. (2016). Morelia: H. Congreso del Estado de Michoacán de Ocampo.
Ley General de Archivos. (2018). México: Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión, Secretaría General y Secretaría de Servidores Parlamentarios.
Ley Orgánica Municipal del Estado de Michoacán de Ocampo. (2021). Morelia: H. Ayuntamiento de Morelia.
Reglamento de Organización de la Administración Pública del Municipio de Morelia. (2019). Morelia: H. Ayuntamiento de Morelia.
Reglamento del Sistema Institucional de Archivos de la Administración Pública Municipal de Morelia. (2021). Morelia: H. Ayuntamiento de Morelia.
Reglamento Interior de la Secretearía del Ayuntamiento. (2020). Morelia: H.
Ayuntamiento.
El presente texto tiene por objeto hacer un diagnóstico sobre la digitalización documental en el Archivo Histórico Municipal de Morelia. Para desarrollar el tema, se creyó oportuno dividirlo en tres secciones, la primera corresponde a la digitalización documental, la segunda hace referencia a la organización documental, y la tercera puntualiza sobre la historia del propio Archivo.
Desde la segunda mitad del siglo XX, el uso de la tecnología ha crecido vertiginosamente al grado de convertirse en una necesidad para el desarrollo de la información y la comunicación, frente a dichos avances los archivos se ven obligados a entrar en esta dinámica de “realidad virtual” para atender a sus usuarios en diferentes latitudes de la República Mexicana o en cualquier parte del mundo, de esta manera inicia una nueva etapa en la difusión y la consulta virtual de materiales históricos. De tal suerte que, en el siglo XXI la documental electrónica y digital quedó al alcance de mucho.
Conforme a la Red de Transparencia y Acceso a la Información (RTA) integrada por 19 instituciones que representan a 12 países entre ellos México, (1) en el Modelos de Gestión Documental, refiere que: los documentos electrónicos son los que necesitan de algún dispositivo para su lectura, sobre la interoperabilidad, este concepto simboliza el funcionamiento en el marco de la administración electrónica y se define como la habilidad necesaria para que organizaciones y sistemas puedan interactuar con objetivos comunes.
Para el caso concreto de México, de acuerdo a la Ley General de Archivo, 2018 en el capítulo IX, refiere sobre los documentos de archivo electrónico y su conservación.
Expediente electrónico: Al conjunto de documentos electrónicos correspondientes a un procedimiento administrativo, cualquiera que sea el tipo de información que contengan;
- Ficha técnica de valoración documental: Al instrumento que permite identificar, analizar y establecer el contexto y valoración de la serie documental;
- Firma electrónica avanzada: Al conjunto de datos y caracteres que permite la identificación del firmante.
Ahora, de los documentos que necesitan de algún dispositivo para su lectura, se observan dos bloques:
El uso de la tecnología no sólo abrió espacio a los documentos electrónicos y digitales, sino también, dio la pauta para la creación de bases de datos electrónicas, cuya finalidad es relacionar la información entre sí, permitiendo un rápido acceso, manipulación y extracción de la información previamente clasificada. Así mismo, con el uso de los metadatos el contenido de los documentos impresos y electrónicos ofrecieron información valiosa sobre los contenidos, pues se atendieron las interrogantes como:Para la clasificación y conservación de los documentos electrónicos o digital dependerá en gran medida de los metadatos que se asocien a la imagen, para el caso del Archivo Histórico Municipal de Morelia no representa mayor problema porque el Fondo Colonial está clasificado y los fondos Independientes I y II cuentan con índices generales. Cuya información proporciona elementos indisponibles para la búsqueda de datos históricos, pero es un trabajo a largo plazo.
La necesidad de digitalizar los materiales del Archivo Histórico surgen con el proyecto “digitalizar para preservar”, el cual nace en febrero de 2006 con un convenio celebrado con la Empresa Mexicana Microformas, en ese año se trabajaron los siglos XVI y XVII; así como, algunos Libros de Actas de Cabildo. Para el siguiente año se firmó un convenio con la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica, su principio fue digitalizar los materiales más antiguos, así comenzó la reproducción del Fondo Colonial que comprende los años de 1544 a 1810, pero sólo aplicó para los Ramos de: Gobierno, Hacienda, Justicia, Guerra y Protocolos. De los cinco ramos sumaron 13,916 expedientes digitalizados. Cabe mencionar, que faltaron 1,220 libros que corresponde a los años de 1552 a 1938.
Una vez atiendo los ramos del Fondo Colonial, el siguiente paso fue digitalizar el Fondo Independiente I, el cual comprende de 1811 a 1899, con un total de 481 cajas y 31,038 expedientes. Al momento, hace falta el Fondo Independiente II, con un total de 863 cajas y 24,274 expedientes aproximadamente.
Conforme avanzaba el proyecto, se pensó en habilitar una base de datos para difundir los materiales, pero la iniciativa no tuvo el resultado esperado, porque y a pesar de que el Fondo Colonial está clasificado, pero para la digitalización no se incorporaron los metadatos. Durante los siguientes cuatros años los trabajos continuaron sin metadatos y la información se resguardo en CDs y en discos externos de un Terabyte (TB), en formato TIFF y a una resolución de 300 DPI.
Actualmente, el Archivo Histórico Municipal de Morelia enfrenta dos grandes restos, el primero, es migrar la información que se tiene digitalizada, pues a lo largo de los últimos 14 años ha sido resguardada en CDs y discos externos, lo cual implica un riesgo para su preservación, a pesar de que su custodia está en óptimas condiciones. El segundo reto, es analizar cada imagen digitalizada para cruzar la información y corroborar que cada expediente este completo para incorporarle sus metadatos, de esta manera se podrá hacer una base de datos; lo cual representa una tarea a largo plaza. Para atender los restos, es necesario gestionar recursos económicos y humanos para fomentar programas para el bienestar documental digital.
La idea de digitalizar no quedó varada con el proyecto de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica, pues en el año 2013 la directora del Archivo General, Histórico y Museo de la Ciudad, Mtra. Laura Patricia Mancilla Suro, inscribió un proyecto titulado Modernización del Archivo Histórico Municipal, el cual fue aprobado y apoyado económicamente desde el Congreso de la Unión en el ejercicio fiscal 2014, consistió en dotar al Archivo de un equipo de cómputo para crear bases de datos electrónicas, adquirir un escáner para continuar digitalizando el patrimonio cultural, obtener material necesario para la preservación documental (cajas de polipropileno) y mejorar las condiciones del inmueble (iluminación adecuada, instalación eléctrica del edificio y remodelar algunos salones, como espacio de usos múltiples. Cabe señalar que, cuando nombran a la Dra. Yaminel Bernal Astorga directora del Archivo, le da continuidad al proyecto durante su gestión. El objetivo además de digitalizar fue promover la documentación histórica mediante bases de datos electrónicas.
A la sazón, comenzaron los trabajos del proyecto con la remodelación del inmueble, cuya iniciativa estuvo cargo del Dr. Fidel Fabián Calderón, arquitecto, ingeniero e integrante de ICOMOS, quien ha restaurado edificios en el Centro Histórico de Morelia. Cabe resaltar, que la obra fue autorizada bajo los lineamentos marcados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), pues el inmueble está inmerso en la lista de monumentos históricos determinado por de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos.
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Pero con la administración municipal de Alfonso Jesús Martínez Alcázar (2015-2018) llegaron nuevos cambios. El servidor se transfirió a la Secretaría de Desarrollo Metropolitano e Infraestructura con la idea de comenzar proyectos innovadores, la Dirección del Archivos General, Histórico y Museo de la Ciudad, se suscribió a la Dirección de Asuntos Interinstitucionales y de Cabildo como el departamento de Archivo Histórico Municipal de Morelia. En esta coyuntura, después de varios años se transfieren del Archivo General al Histórico 55 libros correspondientes a las Actas de Cabildo, cuyo periodo comprendió de 1974 a 2014.
Entonces, a través de la Dirección de Gobierno, la Jefatura de Gobierno Digital a cargo del Ing. Virgilio García Ramírez, crea en la página transparencia.morelia.gob.mx un vínculo para difundir las Actas de Cabido que comenzaban a digitalizarse. Para mejorar el servicio fue necesario formar otros medios. Así nació la página gacetadigital.morelia.gob.mx, en donde se podían leer las Actas del 2017 o en su defecto la orden del día. De igual manera en actasadmnin.morelia.gob.mx se podían ver algunas secesiones de las Actas.
Igualmente, mediante el Centro Municipal de Información Pública (CEMUNIP), con el cumplimento que marca Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado –vigente-, de manera electrónica para la consultan las Actas.
Conjuntamente, a través de la página consejodelacronica.morelia.org.mx, el Archivo ponen a disposición otros materiales digitalizados, entre ellos las publicaciones Rosa de los Vientos, Serie Cantera Rosa. Textos Archivísticos y algunos instrumentos de consulta (índices e inventarios).
Actualmente, con la administración municipal de Raúl Morón Orozco (2018-2021), el departamento de Archivo Histórico Municipal de Morelia, se eleva nuevamente a Dirección de Archivos. El proceso de digitalización continúa, pero se le da prioridad a las Actas de Cabildo, pues con la aprobación de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado, a menudo la ciudadanía solicita dicha información para diferentes fines.
Al momento, se han digitalizado 75 libros de Actas de Cabildo que corresponden a los años de 1880 a 2020, con un total de 23,816 reproducciones, cuyos documentos son resguardados en discos externos de un Terabyte (TB), en formato JPG y PDF, a una resolución de 300 DPI. A pesar de contar con documentos digitalizado, no se cuenta con una base de datos para su consulta.
Los primeros registros de organización documental del Archivo Histórico Municipal de Morelia se remiten a dos fechas: 1576 o 1656, cuando Duque de Albuquerque (Francisco Fernandez de Cueba Virrey de la Nueva España) solicita se inventaríen los documentos generados por el Ayuntamiento. Al terminar el siglo XVII e incluso en la primera mitad del el XVIII, no hubo vestigios que dataran la evolución del acervo; fue en 1787 cuando se escribió sobre los infortunios sufridos tanto del espacio como de la propia documentación, aunque dichos problemas eran añejos, pues la documentación sufría daños por la falta de una conservación adecuada. (2)
Otro rastro, fue en 1804 relativo al Índice de inventario de autos y otros instrumentos de justicia sobre juicios ejecutivos, criminales, ordinarios, civiles, demandas, diligencias, éste libro ordena los instrumentos, los autos y los protocolos; así como los autos tocantes, de igual manera separa los autos criminales. Su contenido va de 1528 a 1804. (3)
Pero fue durante la primera mitad del siglo XIX cuando la organización documental cambió con la elaboración de inventarios cronológicos, temáticos y numéricos, ello permitió cierta exigencia en la clasificación y conservación de los expedientes que se estaban generando con la Independencia de México y por primera vez figuró el responsable de salvaguardar el archivo (4). De tal suerte que, en 1868 se proponen el cargo de “escribiente-archivero”, su función era apoyar al escribano, ser el enlace entre el escribano y el Ayuntamiento, así también apoyó en las labores de la secretaría. A pesar de los avances, el acervo continuaba en la ignominia.
Los trabajos de clasificación se reforzaron un siglo después, cuando el Gobierno del Estado de Michoacán en 1909 solicitó la continuidad de los índices, así Manuel Álvarez Gasca se dio a la tarea de organizar los materiales, les asignó un relativo orden cronológico y a cada conjunto le incluyó una relación informando de su contenido. No obstante, las necesidades de organización y preservación crecían con el tiempo, pues algunos documentos comenzaron a sufrir los estragos de los años y los problemas propios de la naturaleza (plagas y humedad). Para atender las contingencias tanto ambientales como históricas, en la segunda mitad del siglo XX, un grupo de especialistas dirigido por José Miranda, Antonio Pompa y Pompa y Wilgberto Jiménez Moreno comenzaron los primeros trabajos al realizar una micropelícula de los documentos con un resultado de 37 rollos, cuyo material es custodiado por la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.
En 1964 el historiador Xavier Tavera Alfaro continuó con la organización documental, rescató índices de las dos décadas del siglo XVIII (60´s y 70´s), al texto lo llamó Índices Documentales del Archivo del Ayuntamiento de Morelia (1760-1769), pero es una edición de poca circulación. Unos años más tarde, mediante el programa “Rescate de Archivos Municipales” sufragado por el Archivo General de la Nación, inicio un nuevo proyecto titulado Clasificación documental del Archivo Histórico Municipal de Morelia (siglos XVI, XVII, XVIII y XIX), la organización estuvo a cargo de María Ofelia Mendoza Briones, con la colaboración de Antonio Chávez Sámano y la participación de 13 alumnos de la Escuela de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
En diciembre de 1989 en el Departamento de Microfilmación y Reprografía de la Secretaría de Administración del Gobierno del Estado de México se imprimieron 1,000 ejemplares del Índice. Fondo Colonial (siglos XVI y XVII), el trabajo estuvo a cargo del etnólogo Ángel Quintana Sanabria, en aquel tiempo era jefe del Archivo Histórico y claro, con la colaboración de las historiadoras Mónica Vázquez García y Melba Maya Guzmán.
Para la organización documental, el etnólogo Ángel Quintana aplicó el principio de procedencia y orden original, el cual contempla los criterio ideológicos y temáticos. Esta propuesta surgió en el siglo XVIII en los Archivos Nacionales franceses, considerándolos los primeros en utilizar el orden de procedencia. Un siglo más tarde -1841- el historiador francés Natalis de Wailly, redactó Instrucciones para la ordenación y clasificación de archivo y departamentales comunales, en donde se observaba la necesidad de clasificar la documentación mediante fondos, es decir mantener la información agrupada y respetando la estructura propia sin mezclar los asuntos, con este orden nace el principio de procedencia y en 1898 los archiveros holandeses Muller, Feith y Fruin escribieron Guía de descripción para ordenar los archivos, considerándola como la base fundamental de los archiveros. (5).
Bajo esas consideraciones y conforme a la Norma Internacional General de Descripción Archivística (ISAD-G) se creó el cuadro clasificador del Archivo Histórico Municipal de Morelia, que correspondió para los siglos XVI, XVII y XVIII. Entonces, la información generada durante esos siglos se refiere a la Provincia de Michoacán, la cual estaba organizada en: gobierno, hacienda, justicia y guerra; con el tiempo se incorporó protocolos. De modo que, para la clasificación se respetó su orden administrativo quedando de la siguiente manera:
Finalmente, la estructura documental del Archivo Histórico permitió dividirlo en tres fondos: Colonial (1544-1810). Independiente I (1811-1899) e Independiente II (1900-1995). Pero los dos últimos dos fondos sólo se cuenta con índices generales con cierto orden cronológico.
Respecto a la preservación de los expedientes, se consideró oportuno resguardarlos en folders de papel cultural, dentro de cajas de cartón AGN-12, aunque en los últimos años se han usado cajas de polipropileno, por ser un mejor componente en la conservación documental.
A manera de conclusiones
Digitalizar el material documental del Archivo Histórico representa un compromiso a largo plazo, mismo que inició en el año 2006 y hasta la fecha el trabajo continúa, pero indispensable fortalecer bases de datos que atiendas las necesidades de la institución, los metadatos, la conservación y preservación de la imagen digital y la protección de datos sensibles. Al mismo tiempo, es indispensable fortalecer el presupuesto económico frente a la administración pública y, en este tenor, es fundamental la colaboración del personal capacitado en la utilización de materiales tecnológicos.
(1) (Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, México, Perú, Uruguay, Guatemala, Honduras, El Salvador, Colombia y Guatemala)
(2) AHMM, Fondo Libros Manuscritos, 1. N. 24, primera numeración, Reales cédulas, despachos superiores y documentos varios del siglo XVIII, Valladolid, 1787. Melba Maya Guzmán y Yaminel Bernal Astorga, “Construyendo la historia del Archivo Histórico Municipal de Morelia” en Boletín Rosa de los Vientos, Una mirada caleidoscópica de la niñez en Valladolid-Morelia, núm. 5, año 4, Archivo Histórico Municipal de Morelia, Morelia, 2014, pp. 94 y 95
(3)AHMM, Índice de inventario de autos y otros instrumentos de justicia sobre juicios ejecutivos, criminales, ordinarios, civiles, demandas, diligencias, L.N. 1, 1528-1804, fs. 68.
(4) Melba Maya Guzmán y Yaminel Bernal Astorga, op., cit, p. 95
(5)Cruz Mundet José Ramón, Manual de archivística, Madrid, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1994, 231
El propósito del presente texto es adentrarnos al estudio de la embriaguez y a la criminalidad dentro de las nuevas aportaciones antropológicas durante los últimos años del siglo XIX, periodo en que México se vio influenciado por la efervescencia de aportaciones de varios intelectuales europeos en torno a diversas cuestiones que afectaron a la sociedad de la época, entre éstos podemos citar las discusiones de la identidad individual, la crítica a los métodos policiales y la aprobación legal del consumo de bebidas alcohólicas.
Así, muchas ideas del Viejo Continente estuvieron plasmadas en algunas contribuciones científicas de intelectuales mexicanos, al respecto sobresalieron innumerables tesis médicas, artículos jurídicos y los recientes enfoques de la antropología. En dichos estudios se observó la influencia del criminalista italiano César Beccaria (1738-1794) quien estableció las primicias de la denominada criminología clásica y fundó la ciencia del derecho penal. [1] De igual modo las apreciaciones de Cesare Lombroso, Enrico Ferri y Rafael Garófalo, y del sueco Magnus Huss estuvieron latentes en los trabajos de los mexicanos.
Con las recientes corrientes de pensamiento, la embriaguez y la criminalidad dejaron la esfera social para trasladarse al campo de la ciencia, entre médicos y juristas ofrecieron algunos elementos para comprender malestares de la vida cotidiana que padecía el México porfiriano, entre ellos podemos mencionar los problemas de salud, culturales, criminales, económicos, entre otros.
Al poco tiempo la antropología (como disciplina, pues aún no la consideraban ciencia) se sumó a los aportes científicos, observó que la embriaguez formaba parte de las costumbres indígenas, pues los habitantes de Mesoamérica ya consumían alguna bebida etílica; así, comenzaron los análisis con la población indígena [2]
Cabe mencionar que, desde la época colonial existió la necesidad de estudiar a los nativos de la Nueva España, pues a menudo se les adjudicaban algunos problemas sociales como: embriaguez, vagancia, holgazanería y pereza entre otros; con frecuencia la elite de ese momento se refería a ellos como personas sin oficio ni beneficio. Pero los estudios se fortalecieron mucho tiempo después con los aportes del historiador Vicente Riva Palacio (1832-1896) a quien se le considera uno de los pioneros en ofrecer un nuevo enfoque al estudio. Él observó los distintos rasgos raciales desde una visión fisiológica.
Como ya se mencionó, la preocupación por estudiar la naturaleza racial tendrá su esencia en contribuciones extranjeras, por ejemplo, las ideas francesas se observaron en los primeros años de la segunda década del siglo XIX a través del naturalista Armand de Quetrefagues, quien examinó diversos grupos étnicos tanto en Europa como en México; este investigador advirtió que los indígenas eran desiguales en esencia, y los consideró “una mezcla de sangre en decadencia”. Otros extranjeros, como los médicos Frederick Starr –estadounidense- y Alex Hrdiricka –checo-, llegaron al país con la intención de analizar y observar a los indígenas, entonces introdujeron las mediciones craneanas y osteométricas. [3]
Algunos años más tarde, a raíz de los resultados obtenidos en los censos de 1895, 1900 y 1910, el análisis poblacional de los indígenas en México se intensificó y facilitó un balance sobre los datos fisiológicos del mexicano, proporcionando algunos testimonios importantes para la antropología. En este sentido los estudios tendieron a homogeneizar, uniformar y reglamentar con un criterio científico. [4] De esta manera los grupos indígenas se convirtieron en sujetos observados.
La nueva propuesta antropológica fue apoyada por la medicina legal, permitió practicar técnicas antropométricas y craneométricas. Cuyos enfoques postularon que la forma de vivir del indígena era un obstáculo al progreso y la modernización; desde este marco de ideas el nativo adquirió un sin fin de calificativos como: sucio, ignorante, pagano, animal, y por supuesto, ebrio o alcohólico y delincuente o criminal. [5]
Con las recientes posturas, los antropólogos en México midieron cada parte del cuerpo humano y realizaron, además, una mirada al pasado, con el fin de observar el núcleo del problema. De esta manera sus trabajos abrieron una nueva ventana al estudio de la embriaguez y la criminalidad, ya que pretendieron elaborar un análisis meticuloso de jerarquías causales, tipologías alcohólicas y delictivas, en las que intervenían factores como la herencia y el medio social. La sucesión de costumbres fue punto clave para sus estudios; en esa perspectiva señalaron que los indígenas se emborrachaban desde tiempos inmemoriales y a temprana edad, las bebidas de preferencia eran chicha, cerveza; vino de salvado, de mezquite, de zambumbia, de tuna, de coco, tibico, tuba, tlachique; pulque de apio, de tuna, de fresa y de piña, entre otros. [6]
Al respecto y conforme a los estudios, los indígenas consideraron al pulque una bebida importante dentro de su dieta alimentaria, porque pensaban que era rica en proteínas vegetales, hidratos de carbono y vitaminas; al mismo tiempo servía para el desarrollo de los infantes. Por sus nutrientes la equipararon con el maíz, e inclusive se podía tomar en lugar del agua, simplemente la llamaron “agua celestial”, tal era la devoción a la bebida que después de la colonización se le dedicó la siguiente oración:
Padre nuestro pulquero
Padre nuestro que estás en las pencas;
clarificado sea tu jugo
y hágase un tinacal
aquí en la tierra
como en el cielo.
Pulque rico del maguey
dánoslo hoy,
y cúranos nuestras crudas
así como nosotros curamos
las de nuestros amigos
y no nos dejes caer en la prisión,
y eternamente líbranos
del mal mezcal. Amén. [7]
Entonces, los aportes de la antropología vincularon al hombre prehispánico con el análisis antropométrico de los indígenas del siglo XIX, la idea era encontrar los rasgos atávicos que había establecido Cesare Lombroso en su teoría, que junto con Enrico Ferri y Rafael Garófalo, “los tres evangelistas”, confirieron que, el hombre delincuente no era “normal” pues componía un grupo “diferente” o “especial” del resto de la población. De manera particular Lombroso lo llamaría “delincuente atávico”, lo describió con mirada vidriosa, fría, inmóvil, a veces sanguinolenta, con nariz aguileña y afilada. La mandíbula pronunciada, pómulos anchos, cabellos crespos abundantes; con frecuencia la barba rala, dientes caninos muy extensos, labios delgados, excesivo desarrollo del cerebelo y asimetría del rostro. [8]
Estas personas atendían a un arquetipo uniforme, resultado de una degeneración mórbida, expresaba que los individuos no delinquían conscientes; su tendencia era malvada y estaba ligada a una determinada estructura psíquica y física. [9]
Para el caso de México, las teorías de Lombroso no se pudieron aplicar en un sentido tácito, pero si se retomaron algunos principios para estudiar a los indígenas mexicanos. Entre los intelectuales mexicanos ubicamos al médico Luis Hidalgo Carpio, director de la Gaceta Médica de México, así como Agustín Andrade y Pastor, fundador del primer dispensario oftalmológico y presidente de la Academia de Medicina. Años más tarde sobresalió en el campo antropológico Jesús Sánchez, médico que se encargó de desarrollar la somatometría y osteometría. En 1880 este grupo de investigadores dio la pauta para que la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y el Museo Nacional, fundado en 1825, reconocieran los estudios antropológicos como una ciencia. A partir de ese año se subrayó la perspectiva de trabajos fisiológicos que se dedicaban a la clasificación del fenotipo indígena. [10] Posteriormente, en 1887, se dio a la antropología el carácter de ciencia, con la intervención de Alex Hrdlicka y Frederick Starr, quienes legitimaron y orientaron a la nueva ciencia.[11]
Las teorías antropológicas jugaron una doble función: por una parte, no ocultaban los rasgos “distintivos” de los grupos indígenas. Por otra, servirían como mecanismo de homogeneización, al establecer un sólo criterio respecto a la evolución de los grupos étnicos. Se pensaba que, a través de estas posiciones teóricas, se construirían fundamentos para unificar a la nación.[12] Esto significaría “regenerar” a dichos grupos, lo cual implicó un proceso de “aculturación” obligatoria que llevaría a la “integración de la nación moderna”.
De modo que, en las dos últimas décadas del siglo XIX, se reforzó la tarea de observar, medir y registrar a individuos indígenas. Así, sobresalieron algunos estudios, aunque la mayoría eran obras de médicos con enfoques antropológicos. Entre ellos se encuentran los mexicanos Francisco Martínez Baca y Manuel Vergara, quienes en 1892 realizaron una investigación en la penitenciaría del estado de Puebla. Ambos efectuaron un balance detallado del lugar, en donde encontraron dos principales problemas: uno profiláctico y el otro de sobrepoblación, los cuales amalgamaban un malestar al interior de la cárcel, como infecciones venéreas, tuberculosis, tifo, neumonías, enteritis y disenterías; [13] al mismo tiempo, observaron alteraciones en el sistema nervioso que terminaban en verdaderos conflictos.
Finalmente, reconocieron que las contrariedades al interior de la cárcel eran propiciadas por las llamadas “clases peligrosas” en su mayoría con rasgos indígenas. Hicieron mediciones craneanas de reos fallecidos, compilaron datos personales, antecedentes familiares, culturales; rasgos concretos, como expresiones faciales, tatuajes, tamaño de barba, color de pelo, etcétera. [14] Gran parte de sus resultados determinaron que los prisioneros tenían cráneos asimétricos calificándolos como criminales por naturaleza.
El malestar suscitado por las llamadas “clases peligrosas” en espacios públicos contradecían la filosofía del entonces presidente de la República Porfirio Díaz enunciada en la fórmula: “orden, paz y progreso”. De tal manera, podemos decir que en el transcurso del porfiriato se consideró al consumo de bebidas etílicas en los términos que resume la siguiente cita:
Es el medio por el cual el individuo se enfrenta a un resquebrajamiento de los valores sociales y culturales y a la invalidez de su propia fuerza de vida para modificar el exterior de acuerdo a sus convicciones; propicia al caos total ante las contradicciones existentes y lleva al alcohólico a la renuncia no sólo del exterior, sino de sí mismo: enajenación, automarginación, autodestrucción.[15]
Otro especialista destacado fue Daniel Vergara. En su labor como investigador montó el primer laboratorio de todo el país que se dedicó a la fisiología, el cual le ofreció elementos importantes para observar las variaciones biológicas en el desarrollo de las personas. Sus resultados marcaron definiciones físicas, sin importar los rasgos indígenas; determinó que las medidas de los cuerpos dependieron de la adaptación al clima, y que la posición económica y social no era fundamental para la embriaguez y la criminalidad.[16]
También hubo criminólogos interesados en los estudios antropológicos, como Carlos Roumagnac, quien acogió las tesis de la escuela positivista y vislumbró el origen del drama antisocial. En su asidua tarea se acercó a la cárcel de Belén en la ciudad de México, donde enfocó el problema a través de testimonios de los propios criminales, a quienes interrogó para desmembrar la composición de sus delitos pues consideraba que varios factores influían en las acciones delictivas, como el entorno social. De igual manera consideró que los criminales presentaban fuertes tendencias al consumo de bebidas alcohólicas, agresiones a los animales y la reincidencia, entre otras. Con tal fin, elaboró un cuestionario donde resaltó los hechos más significativos de las infracciones cometidas y sus consecuencias inmediatas. [17]
En suma, los enfoques antropológicos culminaron en 1910 con la creación de la Sociedad Indianista Mexicana. La nueva asociación dejó de lado a la criminalidad y resaltó en sus estudios al indígena, al cual se le había observado como una raza mórbida, que debía ser “regenerada” mediante instituciones y programas basados en la enseñanza de nuevos hábitos de conducta y de normas higienistas. Lo novedoso de esta Sociedad fue su acercamiento a indígenas vivos para estudiarlos, y no a los fallecidos, como ocurría con estudios anteriores. La inquietud por crearla no fue iniciativa del Estado porfirista, sino de individuos vinculados con el Museo Nacional y la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; la sociedad recibió inicialmente apoyo de Porfirio Díaz, [18] pero el dictador se desentendió del proyecto cuando los organizadores pretendieron activar reformas raciales, ideas con las que el presidente de la República no estuvo de acuerdo.
Para los antropólogos de la época, estudiar a los indígenas representó una labor importante, pues les aclaró conceptos acerca de uno de los temas más debatidos a lo largo del porfiriato: si los indígenas representaban un obstáculo para el desarrollo social. El proyecto de la Sociedad Indianista se apoyó en organizaciones filantrópicas, como la Beneficencia Pública, hospitales, hospicios, casas de corrección y asilos. Estas instituciones, especialmente el Asilo Particular para Mendigos de la ciudad de México, trataron de separar a los desvalidos de los criminales. El primer grupo estaba conformado por ebrios, mendigos y vagos, a quienes se le inculcaría el amor a la patria, a la educación, a la familia y al trabajo, para crearles la conciencia del “buen ciudadano” e incorporarlos a la vida diaria. A este sector se le consideraba el más desprotegido económicamente, y se le ubicaba en lupanares, pulquerías, vinaterías, billares y tabernas; representaba, desde el punto de vista de las clases hegemónicas, uno de los focos de corrupción moral y desorganización social.[19]
De manera particular, al observar varios casos de reos encarcelados en la ciudad de Morelia durante el porfiriato, notamos que no todas las personas detenidas eran indígenas, pues de acuerdo a juicios y fotografías resguardados por el Ayuntamiento y en el Archivo Histórico del Poder Judicial, hubo delincuentes de diversas características raciales. Un ejemplo lo encontramos en la demanda seguida contra Febronio Ábrego, acusado de atacar a su padre cuando se encontraba bajo la influencia del etílico; al leer los interrogatorios y filiaciones de las partes se encontró que poseía rasgos mestizos. [20]
Otro caso, extremo, fue el de Amado Ruiz de Chávez, secretario de los Juzgados Menores Tercero y Cuarto, quien fue demandado por presentarse ebrio a su despacho y exigir remuneraciones a los litigantes por los trabajos realizados. Este individuo pertenecía a los grupos pudientes económicamente, pues quienes ocupaban esos cargos eran de extracción acomodada y en su gran mayoría no tenían rasgos indígenas.[21]
Es necesario percatarse que, no obstante las leyes de la época afirmaban “todos los mexicanos sin distinción de razas son iguales ante la ley”, durante el porfiriato esta fórmula jurídica parecía no tener validez, pues la elite se refería constantemente al sector indígena como un obstáculo, aunada a dicha percepción varios estudios especificaban que las costumbres de los indígenas constituían piezas claves para comprender la embriaguez y la criminalidad, pues el uso de la bebida formaba parte de su desarrollo social a lo largo de la historia, y consideraban al etílico importante como alimento básico.
[1] César Beccaria, De los delitos y las penas, Fondo de Cultura Económica, México, 2000, pp. 327.
[2]. Domínguez, y Quintanar Manuel, El alcoholismo. Su historia, causas, efectos patológicos, sociales, su terapéutica y sus recursos legales para evitar el vicio, (tesis médica), México, Imprenta de F. Díaz de León y Santiago White, 1870, p. 51 Desde tiempos inmemoriales la embriaguez estuvo presente en la vida cotidiana de muchas culturas, por ejemplo los indígenas de Siberia utilizaron el braga y el quas; los alemanes, la cerveza; los españoles, los ingleses y los franceses los vinos generosos, y los mexicanos, el pulque. Urías, Horcasitas Beatriz, “Medir y civilizar” en Ciencias 60-61, México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, UNAM, octubre-marzo, 2000-2001 pp. 28-36.
[3].Urías, Horcasitas Beatriz, “Medir y civilizar” en Ciencias 60-61, México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, UNAM, octubre-marzo, 2000-2001 pp. 28-36.
[4]. Urías, Horcasitas Beatriz, Indígena y criminal. Interpretaciones del derecho y la antropología en México, 1871-1921, Universidad Iberoamericana/Departamento de Humanidades, México, 2000, pp. 223. México Indígena. Órgano de difusión del Instituto Nacional Indigenista, núm. 54, México, septiembre, 1991.
[5]. México Indígena. Órgano de difusión del Instituto Nacional Indigenista, núm. 54, México, septiembre, 1991.
[6]. Roberto Campos Navarro, “Nosotros los curanderos…”Aproximación antropológica al curanderismo contemporáneo en la ciudad de México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, tesis de maestría, México, 1990, 676 p., y Francisco de Asís Flores y Troncoso, Historia de la Medicina en México, tomo 2, México, IMSS, 1982, pp. 472.
[7]. Molina, Piñeiro Valentín y Luis Sánchez Medal, El alcoholismo en México, IV. Historia y legislación, México, Fundación de Investigaciones Sociales A.C, 1984, p. 132.
[8]. Véase a Speckman Guerra Elisa, Crimen y castigo: legislación penal, interpretaciones de la criminalidad y administración de justicia (ciudad de México, 1872-1910), México, El Colegio de México, UNAM, 2002, pp. 79-102. Demetrio Sodi, Op., Cit., página 22. Para Lombroso todos los delincuentes eran epilépticos y locos, sin embargo su seguidor Garófalo no compartía dicha idea.
[9]. Cesare Lombroso, L´Uomo délinquant, citado en Demetrio Sodi, Op., Cit., p. 94
[10]. Beatriz Urías Horcasitas, “Medir y civilizar…”, p. 31.
[11]. Véase Robert M. Buffington, Op., Cit, p. 225.
[12]. Beatriz Urías Horcasitas, Indígena y criminal. Interpretaciones del derecho y la antropología en México 1871-1921…, p. 11.[10]
[13]. Francisco Martínez Baca y Manuel Vergara, “La penitenciaría del estado de Puebla” en Criminalia. Revista de Ciencias Penales, núm. 8, México, agosto de 1959, p. 504. Robert M. Buffington, Op., Cit, p. 235. Beatriz Urías Horcasitas, “Medir y civilizar…”, p. 32, y Nydia E. Cruz Barrera, “Indígenas y criminalidad en el porfiriato” en Ciencias 60-61, México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, UNAM, octubre 2000-marzo 2001, pp. 50 -56.
[14]. Francisco Martínez Baca, Los tatuajes. Estudio psicológico y médico-legal, Puebla, Tipografía de la oficina del Timbre, 1899, 233 p. Nydia E. Cruz Barrera, Op., Cit., p. 54.
[15]. México Indígena, Órgano de difusión del Instituto Nacional Indigenista, p. 2.
[16]. Laura Cházaro, “La fisioantropometría de la respiración en las alturas, un debate por la patria”…, p. 38.
[17]. Carlos Roumagnac, Los criminales en México. Ensayo de psicología criminal…, pp. 104-115. Robert M. Buffington, Op., Cit., pp. 101-131. Elisa Speckman Guerra, Crimen y castigo: legislación penal, interpretaciones de la criminalidad y administración de justicia (ciudad de México, 1872-1910)…, pp. 196-199.
[18].Beatriz Urías Horcasitas, “Etnología y filantropía. Las propuestas de ‘regeneración’ para indios de la Sociedad Indianista Mexicana, 1910-1914” en Agostoni, Claudia y Elisa Speckman (Coordinadoras), Modernidad, tradición y alteridad. La ciudad de México en el cambio del siglo XIX-XX, México, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, 2001, p. 225.
[19]. Antonio Padilla, “Pobres y criminales. Beneficencia y reforma penitenciaria en el siglo XIX en México”…, p. 27.
[20]. AHPJEM, caja 1, exp. 13, año 1878, fojas 112.
[21].AHPJEM, caja 1, exp. s/n 5, año 1876, fojas 28.
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| Tenencias de Morelia |
De acuerdo a la Ley Orgánica de División Territorial del Estado de Michoacán, en el artículo 3° señala que la municipalidad de Morelia queda comprendida por:
I. La Municipalidad de Morelia, comprende: su cabecera, ciudad de Morelia, Capital del Estado.
Tenencias: Charo, Tarímbaro, Chiquimitío, Teremendo, Cuto, Capula, Tacícuaro, San Nicolás, Undameo, Atécuaro, Santa María, Jesús del Monte y San Miguel del Monte.
Para sustentar jurídicamente la conformación del estado, en 1825 surge la primera Constitución Política del Estado de Michoacán, este órgano jurídico determinó la organización territorial, así, quedó dividido en departamentos, partidos y municipalidades. Y el 9 de diciembre de 1831, el Congreso Constitucional del Estado de Michoacán decretó la Ley de División Territorial, en la cual se señaló la demarcación en cuatro prefecturas o departamentos, 22 partidos, 61 municipalidades y 207 tenencias. A Morelia le correspondieron: Charo, Santa María, San Miguel del Monte, San Nicolás, Tacícuaro y Capula. [1]
Poco a poco, en la legislación michoacana se registraban los datos jurisdiccionales de la entidad, de modo que, en la Constitución Política del Estado de Michoacán de 1858, nuevamente se observa la integración territorial, como se lee a continuación:
Artículo 13°. El territorio del Estado es que le corresponde conforme a la Constitución General, y se divide para su régimen interior en Distritos, Municipalidades y Tenencias. La Ley fijará el número y comprensión de estas secciones. [2]
Con la Constitución de 1858, las tenencias van adquiriendo cierta hegemonía sobre su propio espacio, en el artículo 124° se especificó sobre las responsabilidades de los jefes de tenencia, quienes eran nombrados por el Ayuntamiento. Lo anterior permitió crear un parteaguas en la historia de Michoacán, pues el 20 de noviembre de 1861 surgió una nueva ley: División Política del Estado de Michoacán, en donde el estado quedó estructurado en 21 distritos, 71 municipalidades y 213 tenencias.[3]
Al poco tiempo, el 10 de abril de 1868 surgió la Ley Orgánica de División Territorial y sobre Gobierno Económico Político del Estado, [4] en donde la formación geográfica del estado cambió. Las tenencias de Morelia quedarían constituidas por: Santa María, Ichaqueo, San Miguel del Monte, Jesús del Monte, Charo, Cuto, San Nicolás, Tacícuaro y Capula. En los siguientes años, emergieron otras leyes que modificaron la demarcación territorial como la de 1874. [5] Pero fue hasta 1909 con la Ley Orgánica de División Territorial de Michoacán, cuando la división geográfica se integró con mayor claridad, esta distribución se asemeja bastante con la actual. En suma, el estado fue integrado en distritos, municipalidades y tenencias, entonces los primeros quedaron así:
Artículo 2°. - Los distritos fueron los siguientes:
I. Morelia II. Zinapécuaro III. Maravatío
IV. Zitácuaro V. Huetamo VI. Tacámbaro
VII. Ario VIII. Pátzcuaro IX. Uruapan
X. Apatzingán XI. Salazar XII. Coalcomán
XIII. Jiquilpan XIV. Zamora XV. La Piedad
XVI. Puruándiro
Particularmente en el artículo 3° se especifica: I. La municipalidad de Morelia, comprende: su cabecera, ciudad de Morelia, capital del estado; y la integrarán las tenencias: Charo, Tarímbaro, Chiquimitío, Teremendo, Cuto, Capula, Tacícuaro, San Nicolás, Undameo, Atécuaro, Santa María, Jesús del Monte y San Miguel del Monte, pero en la misma ley en el núm. 394, artículo único, se cita que: por reunir los requisitos políticos, sociales y económicos, se eleva a la categoría de tenencia a Morelos.
Cabe señalar que, en 1930 dadas las condiciones territoriales y políticas de la antigua tenencia de Tarímbaro se elevó a municipio. El 17 de julio de 1947, Atapaneo dejó su categoría de hacienda para formar una tenencia más de Morelia y de acuerdo a los censos de 1970, Tiripetío se integraría como otra tenencia.
Después, el 19 de julio de 2002 a través del Bando de Gobierno Municipal, siendo secretario del ayuntamiento el profesor Wilfrido Lázaro Medina, se específica lo siguiente: “La ciudad de Morelia es la cabecera municipal y se divide en cuatro sectores I. Nueva España, II. Independencia, III. República y IV. Revolución”. En particular en el artículo núm. 10°, se refiere a la segmentación del territorio como se lee a continuación:
El municipio queda dividido en cabecera municipal, tenencias y encargaturas del orden; que comprende las localidades establecidas dentro del territorio municipal como colonias, fraccionamientos, conjuntos habitacionales, tenencias, comunidades, rancherías, caseríos y fincas rurales en las distintas modalidades que sean autorizadas por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente Municipal. Las tenencias serán: Atapaneo, Atécuaro, Capula, Cuto de la Esperanza, Chiquimitío, Jesús del Monte, Morelos, San Miguel del Monte, San Nicolás Obispo, Santa María de Guido, Santiago Undameo, Tacícuaro, Teremendo de los Reyes y Tiripetío. [6]
Conforme a Ley Orgánica Municipal del Estado de Michoacán de Ocampo de 2008, el artículo 60° señala que, el gobierno y la administración municipal en las poblaciones fuera de la cabecera municipal, quedó a cargo de jefes de tenencia o encargados del orden, propietarios y suplentes; quienes son electos por plebiscito.
Dicha jurisdicción duraría algunos años, hasta que el 27 de marzo de 2014, en sesión ordinaria, en cabildo precedido por el presidente municipal, Wilfrido Lázaro Medina, aprobó el dictamen en donde autorizó que las tenencias de Santa María de Guido y la de Morelos, dejarían su estatus para adquirir el de colonias de Morelia. Luego, el 15 de abril de 2014 en el Periódico Oficial se publicó el Acuerdo mediante el cual se elevaron nuevamente a tenencias a Santa María de Guido y Morelos.
En suma: la división política juega un papel importante en las relaciones de poder, a menudo se convierte en un instrumento inherente del dominio y del espacio geográfico, al respecto conviene decir que, los mecanismos de control por el espacio geofísico, representan realidades sociales; así como económicas de un territorio determinado. Entonces, la división estará estrechamente ligada a las formas gubernativas a lo largo de la historia, las cuales se verán modificadas de acuerdo a las necesidades de cada momento, mismas que se sustentarán bajo un sistema legal.
Fuentes
[1] Archivo Histórico Municipal de Morelia (AHMM), Fondo Colonial, Decretos del Gobernador del Estado de Michoacán, l. n. 6, 1829-1832
[2] Tena, Ramírez Felipe, Michoacán y sus Constituciones, Morelia, Gobierno de Michoacán, 1986, p. 88
[3] Romero, José Guadalupe, op. cit., p. 34
[4] Compilación de la Legislación Electoral Michoacana. 1824-1996, Tribunal Electoral del Estado de Michoacán, UMSNH, 1997, p. 187
[5] Velasco, Alonso Luis, Grafía y Estadística del Estado de Michoacán, Morelia, UMSNH, CIDEM, 2006
[6] AHMM, Periódico Oficial del Gobierno Constitucional del Estado de Michoacán de Ocampo, t. CXXVII, n. 86, Morelia, 30 de julio de 2002